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viernes, 4 de noviembre de 2011

46 años 2da parte

En ese patio siempre hubo muchas cosas que me servían de entretenimiento, entre ellas un columpio, ya casi sin sillas donde montar, pero que nos ayudaba a dar riendas sueltas a los juegos de malabares que nos inventábamos mis primos y yo . Ya en aquella época eramos artistas circenses, aunque ninguno  llegó nunca a convertirse en uno. Siempre fui medio gordito por lo que mis primos David y Alejandro me llevaban la delantera en todo. Solo podía hacerlo mejor que mis dos primas Raiza y Lissette y a veces ni eso. Cuando nos subíamos al tubo principal del columpio, mi primo David hacía siempre las mejores actuaciones , dando vueltas hacia delante y hacia atrás  y Alejandro lo secundaba y yo detrás con todas mis libras de más y la poca facilidad para el ejercicio físico tratando de no ser menos . Por suerte el piso debajo no era de cemento, sino un suelo cubierto por una fina yerba que amortiguó siempre más de una caída.
Otro entretenimiento fascinante en mi infancia y que siempre disfruté con un primo u otro , era cazar lagartijas. La casa y la zona estaba llenas de ellas , en la parte de enfrente habían unos canteros llenos de una yerba que siempre me resultó curiosa, pues no era como la común que se observaba en el suelo , alrededor de un inmenso pino australiano que brindaba una sombra imponente. La yerba muy ornamental, tenía como unos diminutos filamentos muy verdes que daban la apariencia de ser plásticos y entre ellos las lagartijas se divertían de lo lindo y siempre había más de una casando las hormigas que abundaban por doquier o cualquier otro insecto o sencillamente enamorando a otra lagartija, sacando sus imponentes pañuelos rojos y moviéndose de forma convulsa como suelen hacer. Ahí llegábamos nosotros y las capturábamos. En eso si era un lince y pocas se me escapaban. El objetivo final era operarlas. Si, con una cuchilla de afeitar abrimos en más de una ocasión a un par de ellas para ver que tenían dentro. Hoy que lo pienso bien , me doy cuenta de cuán peligroso era y además destructivo .En aquél entonces todo lo hacíamos por pura curiosidad . Realmente si tuviese que abrir una hoy día , no podría hacerlo . Con el tiempo me di cuenta que aunque soy un incondicional defensor y amante de los animales , se necesita más que amor y deseos para poder abrir un cuerpo y ver sus entrañas. La inocencia infantil ayuda a hacer muchas cosas que después de adultos, nos resultan horrendas e imposibles de ejecutar.
Mis primos y yo en verdad fuimos durante la infancia un equipo de juego, bastante unido , que siempre nos reuníamos casi todos los fines de semana , pues en la casa había la costumbre de cada viernes ir todo el mundo , mi madre y sus hermanos y todos los hijos o al menos la mayoría,  a pasarlo junto a su madre, mi abuela Adelaida. Esa costumbre perduró hasta el día de su muerte. A partir de ahí empezaron a salir las falsedades y los que aparentemente eran muy unidos, dígase hermanos, tíos y primos empezamos a separarnos y a distanciarnos , unos por razones afectivas , otros por razones materiales . Otros sencillamente no estábamos tan unidos como pensábamos.
continuará......

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