En ese patio siempre hubo muchas cosas que me servían de entretenimiento, entre ellas un columpio, ya casi sin sillas donde montar, pero que nos ayudaba a dar riendas sueltas a los juegos de malabares que nos inventábamos mis primos y yo . Ya en aquella época eramos artistas circenses, aunque ninguno llegó nunca a convertirse en uno. Siempre fui medio gordito por lo que mis primos David y Alejandro me llevaban la delantera en todo. Solo podía hacerlo mejor que mis dos primas Raiza y Lissette y a veces ni eso. Cuando nos subíamos al tubo principal del columpio, mi primo David hacía siempre las mejores actuaciones , dando vueltas hacia delante y hacia atrás y Alejandro lo secundaba y yo detrás con todas mis libras de más y la poca facilidad para el ejercicio físico tratando de no ser menos . Por suerte el piso debajo no era de cemento, sino un suelo cubierto por una fina yerba que amortiguó siempre más de una caída.
Otro entretenimiento fascinante en mi infancia y que siempre disfruté con un primo u otro , era cazar lagartijas. La casa y la zona estaba llenas de ellas , en la parte de enfrente habían unos canteros llenos de una yerba que siempre me resultó curiosa, pues no era como la común que se observaba en el suelo , alrededor de un inmenso pino australiano que brindaba una sombra imponente. La yerba muy ornamental, tenía como unos diminutos filamentos muy verdes que daban la apariencia de ser plásticos y entre ellos las lagartijas se divertían de lo lindo y siempre había más de una casando las hormigas que abundaban por doquier o cualquier otro insecto o sencillamente enamorando a otra lagartija, sacando sus imponentes pañuelos rojos y moviéndose de forma convulsa como suelen hacer. Ahí llegábamos nosotros y las capturábamos. En eso si era un lince y pocas se me escapaban. El objetivo final era operarlas. Si, con una cuchilla de afeitar abrimos en más de una ocasión a un par de ellas para ver que tenían dentro. Hoy que lo pienso bien , me doy cuenta de cuán peligroso era y además destructivo .En aquél entonces todo lo hacíamos por pura curiosidad . Realmente si tuviese que abrir una hoy día , no podría hacerlo . Con el tiempo me di cuenta que aunque soy un incondicional defensor y amante de los animales , se necesita más que amor y deseos para poder abrir un cuerpo y ver sus entrañas. La inocencia infantil ayuda a hacer muchas cosas que después de adultos, nos resultan horrendas e imposibles de ejecutar.
Mis primos y yo en verdad fuimos durante la infancia un equipo de juego, bastante unido , que siempre nos reuníamos casi todos los fines de semana , pues en la casa había la costumbre de cada viernes ir todo el mundo , mi madre y sus hermanos y todos los hijos o al menos la mayoría, a pasarlo junto a su madre, mi abuela Adelaida. Esa costumbre perduró hasta el día de su muerte. A partir de ahí empezaron a salir las falsedades y los que aparentemente eran muy unidos, dígase hermanos, tíos y primos empezamos a separarnos y a distanciarnos , unos por razones afectivas , otros por razones materiales . Otros sencillamente no estábamos tan unidos como pensábamos.
continuará......
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